Em sua 18ª edição, FAO segue protagonista da cena lírica nacional

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Onheama
Mas a surpresa desta edição do Festival Amazonas de Ópera ficou por conta do segundo título que assisti, Onheama, de João Guilherme Ripper, que teve sua estreia mundial no domingo, dia 25 de maio. O título foi uma encomenda e reafirma o protagonismo do Festival Amazonas de Ópera na cena lírica nacional. Com libreto do próprio Ripper baseado em um poema regional sobre mitos e lendas indígenas, do escritor amazonense Max Carphentier, a ópera tem como alvo o público infanto-juvenil e se desenvolve em três atos, durante uma hora e meia. A fluente encenação de William Pereira é rica e engenhosa, linda em efeitos multicoloridos (luz de Fabio Retti e figurinos de Olintho Malaquias), evocando um universo fantástico de índios, floresta, rio, boto, Iara, e a terrível onça celeste, que engole o sol e escurece a terra (um eclipse, significado da palavra “onheama”). Nhandeci, a mãe de todos os índios, reconhece no menino Iporangaba o herói guerreiro que, enfrentando a onça com uma flecha com sementes de paricá, salvará a tribo e o mundo da escuridão.

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Cena de Onheama, de João Guilhermer Ripper, a primeira encomenda da história do festival

A ópera foi também dirigida por Luiz Fernando Malheiro (na récita do dia 28 a condução foi de Otávio Simões) e contou com um bom desempenho da Orquestra Experimental (que é o grupo jovem da Amazonas Filarmônica) e com um equilibrado e competente elenco de solistas: o menino Iporangaba foi feito por Edilson Cardoso, Iara por Dhijana Nobre, Tuxaua por Rafael Lima, Nhandeci e a onça por Isabelle Sabrié e o boto por Enrico Bravo. A ópera teve ainda a participação do Balé Folclórico do Amazonas (coreografia de Monique Andrade), do Coral Infantil (direção de Hugo Pinheiro) e do Coral do Amazonas (direção de Zacarias Fernandes).

Utilizando-se de uma ampla paleta de recursos instrumentais sobre uma escrita de corte tradicional, João Guilherme Ripper tem se revelado um grande mestre na elaboração dramática (esta é a quarta ópera do compositor, cujo título anterior, Piedade, também tive a oportunidade de assistir em versão semiencenada com a Orquestra Petrobras Sinfônica – leia a resenha aqui). Construídas sobre uma consistente linha dramática, a narrativa e a música fluem com naturalidade. Em trechos de elevada energia rítmica (no primeiro ato com lembranças de Villa-Lobos) ou em passagens de grande sutileza e beleza melódica, Ripper é um compositor de musicalidade expansiva, que tem a habilidade de fazer a música e a voz soarem com emoção.

Coda
Voltando ao início deste texto, quero ressaltar, que o sucesso de Onheama não se deve apenas a seu resultado artístico, embora este por si o justificaria. O sucesso também está no fato de a realização do espetáculo ter sido praticamente toda feita por artistas locais, frutos da criação do Festival Amazonas de Ópera e do Liceu de Artes e Ofícios Claudio Santoro. Entre os solistas, a soprano Dijhana Nobre e o barítono Rafael Lima são crias desta estrutura de formação, e Isabelle Sabrié (cantora premiada no Concurso de Ópera Plácido Domingo e no do Conservatório de Paris!) e Enrique Bravo são residentes em Manaus.

Ou seja, o importante investimento público iniciado há 18 anos infiltrou-se na cidade criando um tecido cultural que hoje praticamente respira sozinho. É a maioridade de um projeto no horizonte de uma geração. (E é de uma geração mesmo: no foyer do Teatro Amazonas, fui apresentado à mais nova musicista da Amazonas Filarmônica, uma jovem loira, de pele branca e olhos claros, brasileira nascida em Manaus, filha de músicos russos que ali se radicaram na década de 1990 para integrar a então nascente orquestra do teatro.)

O Festival Amazonas de Ópera, em sua 18ª edição, pode se orgulhar de suas realizações. Uma grande conquista, um projeto visionário que conta entre seus principais idealizadores com o secretário de Cultura do estado do Amazonas, Robério Braga, também diretor geral do festival.

Que os próximos 18 anos sejam igualmente vitoriosos!

[Nelson Rubens Kunze viajou a Manaus a convite do Festival Amazonas de Ópera]

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La ópera como síntesis de la vida

La ciudad de Manaos, en el corazón de la floresta amazónica, impone respeto. Los mitos y leyendas de siempre conviven con el progreso económico actual. La designación de Manaos como una de las sedes del Mundial de fútbol constituye un acto de reconocimiento al empuje de la ciudad. Sin embargo, los portavoces de un par de selecciones han manifestado sus reticencias. Que si el calor húmedo es insufrible para los jugadores, que si hay muchos mosquitos, que si la malaria está a la vuelta de la esquina. No es para tanto. Además, Manaos ha evolucionado en muchos aspectos últimamente, se ha dado un lavado de imagen e incluso ha conseguido rebajar los índices de paro a cotas insignificantes.

Las reglas del juego en Manaos son las que son, y ya en el mismo aeropuerto se da la bienvenida a los visitantes con dos inmensas fotografías que hacen alusión a las señas culturales de la ciudad. Una es del teatro Amazonas y otra de la manifestación folclórica Boi-bumbá, una explosión de ritmo y creatividad popular que llega a su punto álgido a finales de junio con el famoso Festival de Parintins. El Festival Amazonas de ópera celebra estos días su edición número 18. Su trayectoria está cuajada de grandes retos como la primera escenificación en Brasil de El anillo del Nibelungo, o los aplaudidos montajes de títulos como Lulu o Parsifal. Todo ello simultaneado con una atención permanente a obras brasileñas de compositores como Carlos Gomes o Villalobos. Este año han dado una vuelta de tuerca espectacular lanzándose al estreno mundial de la ópera Onheama (Eclipse), del compositor brasileño João Guilherme Ripper, a partir del poema A infância de um guerreiro, de Max Carphentier. Le han echado mucho valor, pero la iniciativa no ha podido tener mejor acogida. En pleno ambiente futbolístico, una ópera popular que indaga en las leyendas amazónicas se ha erigido en el acontecimiento musical de Brasil.

El tema de la obra recuerda a las leyendas que inspiraron ‘El anillo’
Se podía haber caído en la tentación de hacer un documental sobre los indígenas de la selva. No ha sido así. Con un trasfondo moral (“Esta tierra es una síntesis de vida”, se canta), la historia que se cuenta es tan sencilla como poética. Un jaguar (onça celeste) se come al Sol, y amenaza con seguir su periplo devorador con la Luna y las estrellas. La oscuridad se impone. Para salvar los valores existentes y recuperar la luz que los hace posibles se elige a un niño, Iporangaba, en la tradición de las tribus indígenas. El primer acto es coral, el segundo lírico, el tercero dramático y posteriormente festivo. Se unen al proceso de búsqueda del jaguar, acompañando a Iporangaba, un delfín y una especie de sirena de río que se incorpora después de un conmovedor ballet de nenúfares. La cultura de la selva esta siempre presente. Con una flecha aderezada con sustancias tóxicas naturales el niño alcanza al jaguar que, herido, devuelve el Sol. El asunto guarda cierto paralelismo con las leyendas nórdicas que inspiraron a Wagner en El anillo del Nibelungo. El oro del Rin que esconde en una cueva uno de los gigantes y recupera Sigfried gracias a su inocencia, se corresponde con el Sol y con la ingenuidad del niño. La música de Wagner no tiene, evidentemente, nada que ver con la de Ripper. El compositor brasileño utiliza ritmos amazónicos y en algún momento evoca a Villalobos, pero lo que cautiva de su música es el sentido de la construcción, el instinto melódico, la sensibilidad coral y sobre todo el equilibrio a la hora de contar una historia con fantasía y precisión.

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Un momento de la ópera ‘Onheama’, de Ripper.

Los cantantes son estupendos. La soprano francesa Isabelle Sabrié desde el lado dramático, Dhijana Nobre desde el lírico, Enrique Bravo desde el poderío vocal con ribetes de comicidad o Edilson Cardoso desde su condición de pureza infantil, dan un empaque contrastado y comunicativo a la ópera. El director teatral William Pereira mueve con naturalidad y color la escena, para que todo sea cercano. El trabajo de Luiz Fernando Malheiro al frente de la orquesta experimental — jóvenes de hasta 21 años— de la Filarmónica del Amazonas fue soberbio, manteniendo en todo momento el magnetismo del cuento desde el punto de vista musical. El coro infantil del Liceo de Artes y Oficios Claudio Santoro se llevó, con toda justicia, una de las grandes ovaciones de la noche, y también estuvieron a buen nivel la Coral y el Ballet folclórico del Amazonas.

Los precios populares atraen a un público más joven que el europeo
El público reaccionó con gran entusiasmo. Es muy joven, con una media de edad mucho más baja que la de los teatros de ópera europeos, sea en una ópera popular como Onheama, o en las anteriores de esta edición: Lucia de Lamermoor, Manon Lescaut, Carmen (con el tenor vasco Andeka Gorrotxategi y la soprano chilenoespañola Cristina Gallardo-Domâs). A este saludable rejuvenecimiento contribuye, sin duda, la accesibilidad de los precios. Por su ambiente y por sus planteamientos, la ópera en Manaos es diferente, tiene magia. El estreno de Onheama es una muestra de ello.

Osesp apresenta concerto com Beethoven e obra inédita de J. G. Ripper sobre poemas de Vinícius.

Osesp apresenta concerto com Beethoven e obra inédita de J. G. Ripper sobre poemas de Vinícius.

 Alguns lugares parecem sagrados, encantados – é assim a Sala São Paulo, na capital paulista. Além de sua magia arquitetônica e acústica, o antigo edifício da Estrada de Ferro Sorocabana abriga um dos mais expressivos grupos musicais do país: a Orquestra Sinfônica do Estado de São Paulo (Osesp). Nascida em 1954, a Osesp é um gigante de talento e profissionalismo – características demonstradas no concerto da série Jequitibá, ocorrido na tarde de 1º de junho. Regidos pela jovem mexicana Alondra de la Parra (foto no  post), os músicos deram vida e pungência às notas do papel.

A apresentação teve início com o poema sinfônico Paraísos Artificiais (1910), obra do compositor português Luís de Freitas Branco (1890-1955), considerado um dos principais protagonistas do movimento de renovação da música lusa no início do século XX. Inspirada no livro Confissões de um Comedor de Ópio (1821), do escritor romântico inglês Thomas De Quincey, por via da adaptação realizada por Charles Baudelaire em Les Paradis Artificiels (1860), a peça descreve os prazeres e torturas associados ao consumo da substância. Além de ecos impressionistas, a composição, cinematográfica e evocativa, tem um quê do húngaro Miklos Rózsa (1907-1995), compositor de peças eruditas e de trilhas sonoras como El Cid (1961, direção de Anthony Mann) e Quando Fala o Coração (1945, Alfred Hitchcock).

A regência vigorosa e de gestos largos abriu espaço para a participação da soprano paraense (radicada na Holanda) Carmen Monarcha. Coube a ela dar voz aos Cinco Poemas de Vinícius de Moraes, obra encomendada pela Osesp ao compositor carioca João Guilherme Ripper, por ocasião do centenário de nascimento do poeta, e cuja estreia havia ocorrido na récita de 30 de maio. O próprio compositor revela uma das mais difíceis facetas do trabalho: escolher os textos: “Foram necessários vários mergulhos em sua antologia poética para descobrir que, a despeito dos diferentes estilos, métricas ou técnicas, em toda a sua poesia pode-se identificar a voz clara e inconfundível de quem escreve com a própria vida”.

Os textos do Poetinha (valorizados pela projeção dos versos em uma tela) ganharam uma sombra de melancolia com as notas de Ripper, e, já na primeira canção (Uma Música que Seja), as orquestrações sobrepõem em beleza a linha melódica da soprano – mesmo com a interpretação intensa e a emissão clara e articulada da cantora. A segunda peça, a autobiográfica O Poeta Aprendiz, é sincopada e serelepe, e acompanha com graça os versos “sonhar o poeta / que quem sabe um dia / poderia ser”.

O célebre e apaixonado Poema dos Olhos da Amada é a mais bela obra do ciclo e derrama lirismo entre versos como “Ah, minha amada / De olhos ateus / Cria a esperança / Nos olhos meus / De verem um dia / O olhar mendigo / Da poesia / Nos olhos teus”. De colorida escrita orquestral, a quarta canção, Lapa de Bandeira, fala do bairro carioca e explora as regiões mais graves da voz da soprano. Encerrando o conjunto, a quinta canção, A Partida, tem mais presente a percussão: “Ao escrever a música, carregada de percussão, procuro recriar a atmosfera de um ritual afro, parte importante de sua [de Vinícius] mitologia plural”, declarou Ripper. Mais uma vez, a elegante escrita do compositor é como revigorante lufada de vento fresco.

O gigante desperta

Toda a grandiosidade da Osesp vem à tona com a última peça do concerto: a Sinfonia no 7 em Lá Maior, Op. 92, composta em 1811 por Ludwig van Beethoven (1770-1827). A atuação do grupo foi impecável na intensidade e nos andamentos da obra desse genial compositor. A regente Alondra conduzia os músicos com a graça de uma amazona cavalgando pelas notas da composição e presenteava o público com uma obra vívida e colorida.

O conhecido segundo movimento (Allegreto), considerado uma das obras-primas do alemão, teve ritmo preciso e tempo justo, alternando momentos ensolarados com instantes um pouco mais sombrios – como se encobertos por nuvens. O terceiro movimento (Presto) foi realizado com desenvoltura por oboés, clarinetes e flautas, e ainda continha bonitos solos dos metais. O quarto e final movimento (Allegro con brio) mostrou a excelência da percussão e a densidade do som das cordas. Apenas orquestras com a grandeza da Sinfônica de SP têm a capacidade de revelar o quanto de exuberância há em uma suposta obviedade como Beethoven. O trabalho de precioso artesanato desse grupo é como o de um restaurador que, ao retirar, aos poucos, camadas de sujeira e tinta acumuladas sobre a tela, tem o poder de trazer aos olhos o brilho e os coloridos matizes de um inesquecível Rembrandt. E o melhor de tudo: a Osesp é nossa. Bravi!

Escrito por Fabiano Gonçalves em 4 jun 2013 nas áreas Crítica do site Movimento.com

http://www.movimento.com/2013/06/uma-musica-que-seja-como-o-vento/

 

João Guilherme Ripper estreia música em homenagem a Vinícius de Moraes em SP

SÃO PAULO – A infância, os amores, as amizades, a poesia e a expectativa pelo fim da vida do compositor e poeta Vinicius de Moraes foram extraídos de cinco de seus poemas e traduzidos em música pelo compositor e regente de orquestra carioca João Guilherme Ripper, em uma obra que estreia mundial nesta quinta-feira. Encomendada pela Orquestra Sinfônica do Estado de São Paulo (Osesp) para homenagear o centenário de nascimento de Vinicius, “Cinco Poemas de Vinicius de Moraes para soprano e orquestra” terá apresentações na Sala São Paulo, no Centro da capital paulista, também amanhã e no sábado.
Ripper escolheu partir de cinco poemas de Vinicius e encadeá-los para traçar um percurso biográfico do homenageado. “Uma música que seja” fala do nascimento do som e da origem da poesia. Em “O poeta aprendiz”, Vinicius narra travessuras de infância. “Poema dos olhos da amada” mostra um Vinicius apaixonado. “Lapa de Bandeira” trata das amizades do poetinha, da Lapa de Manuel Bandeira, da poesia e de vários ritmos musicais. E, para Ripper, “A partida” revela uma visão carnavalizada do fim da vida, com festa e libertação, que o regente traduziu em música clássica com muita percussão.
— O meu trabalho foi garimpar a música que já estava dentro dos poemas. O poema tem ritmo, assonâncias. Quando ele repete uma consoante, aquilo se torna quase percussivo, sibilado. Quando li o poema “A partida”, o ritmo batia na minha cabeça e não me deixava dormir — diz Ripper, que pela primeira vez trabalha com obras de Vinicius.
A composição de Ripper será regida pela mexicana Alondra de La Parra e a solista brasileira Carmen Monarcha vai se juntar à Osesp para interpretá-la. No mesmo programa, que se insere nas homenagens do centenário de “A sagração da primavera”, de Igor Stravinsky, serão apresentadas outras duas obras: “Sinfonia nº 7 em Lá Maior”, de Beethoven, de 1813, e “Paraísos artificiais”, do português Luís de Freitas Branco, de 1913.
A obra de Ripper será apresentada também em dezembro, na embaixada brasileira em Berlim, na Alemanha, mas não há previsão de apresentações no Rio ou em outras cidades brasileiras.
João Guilherme Ripper, que diz que seu trabalho com música começou desde pequeno, quando amava poesia e sentiu a necessidade de “cantar os poemas”, ficou honrado com o convite para homenagear Vinicius.
— Poder dizer que junto com Tom Jobim, Carlos Lira e Pixinguinha, eu também fui parceiro de Vinicius é algo para contar aos meus netos — diz o autor das óperas “Anjo negro”, sobre texto de Nelson Rodrigues, e de “Piedade”, além de obras como “Olhos Capitu”.
Duas novas obras a caminho
Ripper, que é diretor da Sala Cecilia Meireles, está produzindo outras duas composições. Para a próxima Bienal de Música Brasileira Contemporânea, em outubro, compõe “Lux aeterna”, para mezzo soprano, quarteto de cordas e corne inglês, que vai mesclar textos da Missa de Réquiem com textos japoneses e chineses para tratar da vida e da morte. Além disso, sob encomenda da Escola de Música da UFRJ, prepara uma ópera cômica sobre a obra de Martins Pena “O diletante”, para estrear em 2014.

http://oglobo.globo.com/cultura/joao-guilherme-ripper-estreia-musica-em-homenagem-vinicius-de-moraes-em-sp-8540366

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Ópera contemporânea com apelo popular

Matéria publicada em O Globo, 23 de abril de 2012, Segundo Caderno, sobre estreia da ópera “Piedade”. Além do compositor, João Guilherme Ripper, professor do departamento de composição; participaram da montagem os também docentes Homero Velho, no papel principal de Euclides da Cunha, André Heller, na direção de cena, e Paulo Pedrassoli como solista de violão.

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Por Eduardo Fradkin

Para os frequentadores de concertos no Rio, o nome de João Guilherme Ripper está mais ligado à administração pública do que à composição. Se alguém o encontra na rua, é mais comum que lhe pergunte quando acaba a reforma da Sala Cecília Meireles, que ele dirige desde 2004, do que indague sobre o que anda compondo. Avesso à cabotinagem, Ripper nunca programou uma de suas obras na Sala. Não seria pecado se fugisse à regra com sua terceira ópera, “Piedade”, estreada com récita única no Vivo Rio, anteontem, pela Orquestra Petrobrás Sinfônica e o maestro Isaac Karabtchevsky, que a encomendara.

Canção de amor: ponto alto

Composta durante oito meses, a ópera enfoca o triângulo amoroso do escritor Euclides da Cunha, sua mulher, Ana, e o cadete Dilermando de Assis. O quarto e último ato culmina com a morte do escritor de “Os Sertões”. O público, que não chegou a lotar o Vivo Rio, pode ter se assustado com a ideia de uma ópera contemporânea que usa, segundo o programa, três técnicas: tonalismo estendido, serialismo e a escala octatônica. Bobagem. A ópera é totalmente acessível, e quando a música não arrebata com suas melodias, cria climas muito eficientes explorando o colorido da orquestra. Os músicos vestiram a camisa (isto é, o fraque) e tocaram com evidente comprometimento. A acústica da casa é que não ajudou muito.

O equilíbrio entre a orquestra e os três cantores solistas é que, às vezes, claudicava. Ainda, assim, o Vivo Rio funciona melhor para a música clássica que o tetro Oi Casa Grande, onde Petrobrás Sinfônica já fez outros concertos. O perigo de uma ópera que mistura estilos, entretanto, seria falta de coerência. Não foi o que se ouviu. Tudo fluiu sem dar a impressão emendas. Cada ato era precedido de um prelúdio de violão, tocado por Paulo Pedrassoli Jr., numa bela fronteira entre o clássico e o popular. No último, o prelúdio era seguido por uma canção de amor entoada pelo tenor Marcos Paulo, que interpretou Dilermando, acompanhado só do violonista. Foi um dos grandes momentos pela beleza melódica realçada pela boa voz do cantor.

Outras grande árias foram reservadas à soprano Paula Almerares, que teve sua extensão vocal posta a teste e mostrou bom controle, inclusive nas notas mais agudas. Sua dicção e seu vibrato atrapalharam um pouco a compreensão das palavras, mas podia se recorrer a dois telões laterais onde o texto era projetado. Saber que a soprano é argentina elucida a questão e lhe dá pontos, pois não cantou em portunhol. O barítono Homero Velho, como Euclides, tinha uma ária com frases longas e rápidas logo no primeiro ato e fez bom trabalho.
Uma cama no palco era o único elemento cênico, já que a ópera foi apresentada em forma de concerto. A orquestra dividiu o espaço com os cantores. Haverá outra récita em Campos do Jordão, em julho. Se houver reprise no Rio será uma boa chance dos cariocas conhecerem a obra musical de Ripper, e não apenas as obras de administrador, sempre cobradas. A propósito, ele diz que a Sala deve reabrir em abril de 2013.

Foto: Créditos: Divulgação/Marízilda Cruppe / Legenda: Paula Almarares e Homero Velho, dois dos solistas, da récita com a Petrobrás Sinfônica, regida por Isaac Karabtchevsky.

(FONTE: Música UFRJ divulgando crítica publicada no jornal O Globo)